“Calibre”: Cuando la verdad no se puede enterrar.

Por Daniela Ramírez

La película original de Netflix, ”Calibre” es la ópera prima de Matt Palmer y cuenta la historia de dos amigos Marcus (Martin McCaan) y Vaughn (Jack Lowden) que deciden pasar un fin de semana en pueblo de Escocia para la temporada de caza. En este contexto se desata un gran problema, frente al cual uno de ellos decide buscar la que termina siendo la peor solución posible, lo que los llevará a moverse en el límite de la vida y la muerte.

El título de la película “Calibre” hace referencia directa a un arma y a todo lo que gira en torno a ella, en este caso a los dos amigos. La película se centra en la amistad de ambos y cómo es puesta a prueba, enfrentándolos a situaciones que captan la atención del espectador.

La película cuenta con una excelente fotografía, grandes planos generales que nos permiten apreciar los bellos paisajes de Escocia y, al mismo tiempo, nos muestra lo diminutos que son nuestros protagonistas en esta historia. El director/guionista no incursiona en el pasado de ellos y lo entendemos, pues no es relevante. La historia se sitúa totalmente en el presente y es contada de manera cronológica y desde el punto de vista Marcus y Vaughn, y de cierta manera, nosotros nos transformamos en sus testigos.

Durante una hora y cuarenta y un minutos que dura este thriller, “Calibre” logra mantenernos en tensión y atentos, un juego de emociones, donde el problema principal en el que cayeron Marcus Y Vaughn, pasa a segundo plano, pues a partir de ahí, lo relevante ahora es si estos amigos lograran salir del pueblo o vivir. La película también habla mucho del poder, poder que además de ser mal utilizado, existe una lucha por ello, que hace querer eliminar a lo que es el enemigo transformándose en este.

Las actuaciones de Jack Lowden (Dunkirk, Ingland Is Mine) y Martin McCaan (The Pacific) son impresionantes, muy bien realizadas, logran que uno simpatice con uno de ellos o los dos. En ambos personajes se puede ver una lucha interna que tiene que ver con quienes son, y lo que han hecho. La constante pregunta de ellos sobre la decisión en torno a como llevaron el problema, los hace preguntarse si fue lo correcto, algo que uno de ellos termina por responder. No sólo a través de dialogo, sino también de la mirada. La postura de estos actores cambia a medida que avanza la historia, entendiendo que la situación ya no sólo se ha vuelto a algo mental, sino que también algo físico, un cambio muy sutil, que tiene que ver con mantener la imagen frente al otro.  

“Calibre” es una palabra poderosa que puede significar vida o muerte, y de eso dependen las decisiones de sus protagonistas. El montaje enfatiza esta decisión, por ejemplo el uso del silencio en situaciones alarmantes, más allá de apaciguar el momento, el trabajo de este sonido ausente, aumenta la tensión tanto de la escena como la del espectador, apoyado en un 100% por el montaje. Esa estructura rítmica a veces nos incomoda, igual que la situación incomoda a los personajes. Pues el lema de la película es: “No se puede enterrar la verdad”.

El trabajo técnico en general de esta película, está muy bien lograda, lejos es una de las grandes piezas audiovisuales de Netflix, y una gran ópera prima de Matt Palmer, lo que hace que -como espectadores- ya esperemos con ansia su segundo largometraje.

 

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