“Punto Ciego”: Iluminarse en la oscuridad

Por Antonella Estévez

Hasta el 1 de septiembre se encuentra en cartelera en el Centro Cultural Gabriela Mistral el montaje “Punto Ciego”. La obra instala al espectador en una situación poco común lo que le permite un nivel de empatía con los personajes que puede resultar desafiante, pero también tremendamente esclarecedor. Casi un treinta por ciento de la acción de la obra ocurre en la absoluta oscuridad, y el resto lo hace iluminado con sólo un par de focos que permiten ver –en parte- los cuerpos de los actores vestidos de negro, en un escenario negro y con unos pocos elementos de utilería también teñidos de negro. La sala está dividida en dos por el escenario y telas negras, y los espectadores son ubicados a un lado y al otro de las cortinas dejando la acción en medio de la sala. La oscuridad y la penumbra, la ubicación de las sillas y el hecho de que toda la obra esté llevada por un audiorelato pone al espectador en una situación novedosa, de cierta consciencia de sus propios sentidos y también de su vulnerabilidad.

“Punto Ciego” se inspira en un momento específico de la historia de Chile: el caso del juicio contra los brujos de Chiloé en 1880, bajo mandato de Aníbal Pinto. Este hecho es visitado para poner en evidencia la construcción de la otredad desde el temor y los prejuicios. El cadáver de un hombre mayor encontrado en la playa pone en alerta a parte de la comunidad y al cura de la isla, quien construye un relato inculpando a los indígenas de esta muerte y solicitando la ayuda del gobierno para detener a este grupo de personas que, organizadamente, estarían planeando la muerte de los colonos en esas tierras. La solicitud del cura llega hasta la casa de gobierno en donde la primera dama insta a su marido a perseguir a los indígenas acusándolos de brujería. La construcción del discurso de la xenofobia desde el temor a lo desconocido y a la incapacidad de entenderlo - y por ende, de controlarlo- se hace tan evidente que desde la oscuridad la injusticia de esta persecución conmueve al espectador.

Paralelamente a la revelación del proceso de construcción de esta otredad se va armando un segundo relato que tiene que ver con la misma construcción de la obra. Con la voz en off que va guiando la experiencia – a cargo de la siempre brillante Heidrun Breier- y su relación con los actores, específicamente con uno que se presenta como parte del apoyo técnico de la obra, pero que resulta ser el que más claramente ve las cosas, a pesar de su ceguera. La participación de Lorenzo Morales –un hombre mayor y carismático que recién está entrando a las lides del teatro profesional- resulta un gran acierto. La naturalidad en su discurso y el habitar del espacio contrasta con el artificio del relato armado desde el resto del elenco, permitiendo que estas experiencias adquieran mayor complejidad y dialoguen.

La propuesta de la directora Ignacia Gonzalez permite que el montaje dispare hacia diversos lugares sensibles para el espectador. Empatizar con lo otro, con el discurso, el relato, la mirada de un distinto siempre enriquecerá la propia y nos permitirá tender puentes para entendernos. “Punto ciego” invita a enfrentar aquellas oscuridades sociales y propias, esas que no vemos y que tampoco nos dejan ver.   

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