“El hilo invisible”: De lo delicado y lo obsesivo

Por Antonella Estévez

Desde que lo descubrimos con “Magnolia” (1999)- cuando ya había filmado “Hard Eight” (1996) y “Boogie Nights” (1997)- quedó claro que a Paul Thomas Anderson lo que le interesaba era el lado complejo de las relaciones. Las contradicciones de los afectos y la oscuridad en el alma de los amantes. Con los años su cine se fue haciendo cada vez más denso, y también más rico, creando relatos que envuelven al espectador en esta tela de araña en que habitan los personajes.

Con “The phantom thread” consigue su octava nominación a los premios Oscar –dos de ellas por mejor película, dos por mejor dirección y cuatro por mejor guion- estableciendo que, para la academia, su enrevesada manera de mirar las relaciones humanas ha sabido traducirse en una siempre fascinante propuesta cinematográfica. Sus películas pueden ser agotadoras desde lo emotivo, desafían al espectador a entrar en estos mundos, a contagiarse de la obsesión de los personajes sin juzgarlos.

En este nuevo filme Paul Thomas Anderson nos invita a adentrarnos en la vida de un destacado diseñador inglés que está en la cima de su carrera vistiendo a la realeza y a las damas de alta sociedad. El personaje es obsesivo y encantador por partes iguales y, junto a su hermana y principal aliada –interpretada con maestría por Lesley Manville, también nominada al Oscar por este rol- llevan este negocio que mezcla arte y glamour en un Londres que se reconstruye después de la segunda guerra mundial. Desde el inicio queda establecido que el personaje tiene una fascinación por las mujeres que es sólo inspiracional y pasajera, hasta que conoce a Alma, una joven camarera extranjera, que será capaz de entregarlo todo e ir más allá para no ser sólo una anécdota en la vida del diseñador.

Esta es la segunda colaboración entre el director y Daniel Day Lewis. La primera “There will be blood” (2007) le valió al actor su segundo premio Oscar como mejor actor protagónico. Según fue anunciado por el mismo actor “The phantom thread” sería su última película ya que decidió retirarse del cine. Lo hace, eso sí, nuevamente nominado al Oscar y con un papel en que nuevamente su disciplina y método actoral lo llevaron a aprender a coser, a estudiar y a entrevistarse con expertos el diseño y la moda de los años cincuenta. El actor ha demostrado, una y otra vez, que su capacidad para dar vida a personajes complejos y paradójicos es superior y en este filme hace que el espectador entre en esa contradicción al sentirse al mismo tiempo seducido y distanciado de este difícil personaje.

Como ya conocemos los talentos de Paul Thomas Anderson y Daniel Day Lewis, probablemente lo más sorprendente de la película sea Vicky Krieps. La actriz originaria de Luxemburgo es casi una desconocida para Hollywood –aunque había hecho pequeños personajes en películas como “Colonia Dignidad” (2015) y “Hannah” (2011)- y acá, al igual que su personaje ante el poder del diseñador, no se deja avasallar por la potente presencia del tres veces ganador del Oscar. La dinámica que la pareja de actores crea, permite entender la curiosidad y atracción que generan entre sí estos personajes tan distintos. El relato se construye desde la voz de Alma que va contando cómo es que llegó a construirse esta relación co dependiente, que se mueve entre la entrega generosa y un sentido de pertenencia que raya en lo malsano. En algún momento de la película nos obligamos a preguntarnos cuál de los dos personajes está más necesitado, cuál más desequilibrado y es en este sorprendentemente balanceado juego de poder en que ambos actores se lucen.

Por cuarta vez el compositor Jonny Greenwood, también conocido por ser parte de la banda Radiohead, aporta con su trabajo al cine de este director y nuevamente sus creaciones generan un espacio envolvente grandioso y amable por momentos e inquietante en otros, que hacen que el espacio de esa casa vertical y llena de escaleras –gracias al trabajo del equipo de arte y a la fotografía a cargo del mismo Paul Thomas Anderson- se mueva entre la apariencia de un palacio y una cárcel.

“El hilo invisible” puede ser una película complicada de ver porque incomoda al espectador con sus tiempos y detalles, lo que también le permite entrar en los ritmos y dinámicas de sus protagonistas generando finalmente una de los relatos más brutales, y al mismo tiempo delicados, sobre ese fino hilo en que se mueven las relaciones de pareja.

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