Margaret Atwood en serie: el poder del relato

Por Antonella Estevez

Ha sido un buen año para Margaret Atwood, la adaptación de su famosa novela “El cuento de la Criada” a una serie de la plataforma Hulu ha permitido que esta premiada escritora canadiense sea reconocida por toda una nueva generación de lectores y que sus ideas puedan ser repensadas en un contexto tan inquietante como el actual. La influencia de Atwood continúa ahora con “Alias Grace” una miniserie de seis capítulos que, desde hace algunas semanas, está disponible en Netflix.

“El cuento de la criada” fue escrito en 1984 e instala un futuro cercano en donde el gobierno de Estados Unidos es tomado por un grupo ultraconservador que divide la sociedad en castas y a las mujeres según su posibilidad de engendrar. Esa nueva organización está instalada en una crisis ecológica y de fertilidad, y a las mujeres que pueden tener hijos se las transforma en “criadas” al servicio de las familias poderosas que ven en ellas la posibilidad de obtener herederos. La novela está contada desde la mirada de una de estas criadas, quien poco tiempo antes de estos hechos era una mujer que trabajaba y tenía una familia en un mundo muy similar al que habitamos hoy y que, de un día para otro, se ve transformada en poco más que un vientre, separada de su familia, de su trabajo y sin derechos ni opinión sobre su vida.

La producción de diez capítulos de Hulu se transformó en la primera serie no hecha para televisión –sino para su exhibición en una plataforma online- en recibir el premio Emmy a Mejor Serie Dramática, además de los reconocimientos a Mejor guion, dirección, actriz protagónica, actriz de reparto, actriz invitada, fotografía y diseño de producción. Este entusiasmo de parte de los miembros de la academia televisiva, va en línea con el buen recibimiento que la serie obtuvo de parte de los críticos y también de los espectadores. Es que en tiempos en que el gobierno de Estados Unidos se encuentra sostenido en las voces más conservadoras, una serie que plantea las consecuencias extremas de este tipo de pensamiento resultó atractiva no sólo en términos contextuales, sino sosteniéndose en una propuesta visual de gran calidad, en donde el énfasis se puso en contagiar al espectador de las emociones y frustraciones de la protagonista.

Luego del éxito de “El cuento de la criada”, Netflix subió a su plataforma “Alias Grace” una serie desarrollada y escrita por la destacada actriz y realizadora Sarah Polley, a partir de la novela de 1996 de Margaret Atwood. En ella, nos acercamos a un caso real que sacudió a la alta sociedad canadiense a mediados del siglo XIX cuando un hacendado y su ama de llaves son asesinados. Grace es una adolescente que trabajaba en esa casa y es inculpada en el crimen pasando los siguientes 15 años en cárcel mientras se le lleva una y otra vez a juicio para revisar el caso, mientras es sometida a toda serie de vejaciones durante su estancia en psiquiátricos y cárceles. La serie se centra en las conversaciones entre la protagonista y un psicólogo - enviado por un grupo de bien intencionados ciudadanos que creen en la inocencia de Grace- para levantar elementos que permitan exculpar a la mujer de sus cargos.

Al igual que en “El cuento de la criada” acá el punto de vista del relato tiene un rol fundamental, ambas historias están contadas con una voz en off de las protagonistas, que al mismo tiempo profundiza y cuestiona la veracidad de lo que vemos en pantalla. El poder de quien tiene la palabra que construye la realidad queda de esta manera evidenciado, y mientras vemos como a estas mujeres se les ha abusado y privado de derechos de innumerables maneras, su resistencia está en contar desde su experiencia, de ser ellas quienes guían al espectador en este viaje y de que sea su voz la que resuene con potencia en las reflexiones que estas historias puedan generar. Para mí lo más potente de “El cuento de la criada” y “Alias Grace” es que no hay heroísmo, ni victimización. Hay, evidentemente, denuncia respecto a la violencia instalada cultural, simbólica y físicamente sobre las mujeres, pero la reivindicación viene desde el poder del relato, del relato de Margaret Atwood, de sus protagonistas y de todas las mujeres que podemos - de una u otra manera- reconocernos y acompañarnos en él. Como audiencia, estamos tan acostumbrados a que los relatos vengan de un solo lugar –el del hombre blanco, heterosexual, poderoso, de primer mundo- que comenzar a ver historias que se construyen desde otro lugar ya es un acto de resistencia. El poder del relato es un primer paso, y un paso significativo, para reconocernos en la desigualdad que nos limita y avanzar hacia espacios en donde las voces y derechos se multipliquen.

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