“Okja”: cine fuera del cine

Por Antonella Estévez

Desde hace varios años que la plataforma paga de contenidos audiovisuales en internet, Netflix, viene produciendo películas, pero fue el estreno de la película “Okja” en el pasado festival de Cannes el que hizo visible una pregunta que desde hace rato se venía haciendo en la industria cinematográfica: ¿Lo que hace Netflix es cine? O más bien, ¿Ver películas en Netflix es ver cine?

“Okja” se estrenó en la competencia oficial del festival francés -marcando un hito en la historia tanto del certamen como de la plataforma de contenidos- recibiendo al mismo tiempo un abucheo cuando apareció en logo de Netflix en los créditos, y una ovación de varios minutos al termino del filme. La polémica fue tal que el festival decidió anunciar que para las próximas ediciones sólo serán seleccionadas para la competencia oficial cintas que tengan su estreno en salas de cine francesas. Esto porque que en la mayoría de los países “Okja” estaría disponible para verse en la plataforma en internet antes que en las salas, si es que -de hecho- lograba llegar a las salas. En Estados unidos sólo se estrenó en tres cines, en Chile en ninguno, y en Francia y en Corea del Sur -país de origen del director Bong Joon Ho- la pelea fue que la plataforma atrasara el estreno de la película para varios meses después de su estreno comercial en salas. Es entendible el interés de la industria de la distribución y exhibición en tener la exclusividad de la película para salas y no competir con la posibilidad de que los 98 millones de afiliados a Netflix la vean desde la comodidad de sus sillones. Pero, ¿tiene eso que ver con la calidad de la película? ¿Si la vemos en la casa y no en una sala de cine, ya no es cine?

Si concebimos el cine como el sentarse en una sala oscura para compartir con un grupo de personas la experiencia de ver una película, podríamos contestar rápidamente que los que vemos el cine desde nuestros computadores no vemos cine. El nacimiento del cine aparece junto con esa experiencia compartida. La tecnología para registrar y exhibir imágenes en movimiento existía antes del 28 de diciembre de 1895, pero es esa la fecha que se conmemora como el nacimiento del cine porque fue la primera vez que se organizó una exhibición comunitaria, en donde el público pagó una entrada y se proyectaron las imágenes que habían sido filmadas en los meses anteriores por los hermanos Lumière. Ahora, esa cita con las películas en silencio y oscuridad que definen el rito cinematográfico, tampoco es algo que podemos encontrar hoy en las multisalas. Entre el sonido de los comestibles, las luces y alarmas de las celulares y personas que comentan la película como si estuvieran en el living de su casa, cada vez es más difícil tener esa experiencia que los cinéfilos añoramos.

Por otra parte, está la libertad creativa. Llama la atención que el director de Okja señale que hizo su película con Netflix porque fue la única productora que le ofrecía tanto los recursos como la completa libertad para filmar la película como la había concebido. El cineasta ha dicho que tuvo varios encuentros con otras organizaciones y que la respuesta era positiva hasta que llegaban hacia el final del guión – en donde hay unas escenas en un matadero de animales- y allí aparecían los reparos. Y ahí, de nuevo, podemos sospechar del interés económico de la industria que no querrá molestar tanto a potenciales auspiciantes, como ver limitado el acceso de la película a todo espectador por imágenes que puedan aparecer como impresionantes para los niños. De todas maneras, parece difícil cuestionar la decisión de Bong Joon Ho, y de cualquier cineasta que decida que es más importante contar la película como la soñó que limitar su relato a las condicionantes que le permitan llegar exclusivamente a las salas. Habrá de unos y de otros, y todos tendrán sus razones.

Finalmente, más allá de las polémicas y de las limitantes de las pantallas -todas tienen sus pro y sus contras- lo que la película “Okja” nos ayuda a pensar es sobre hacernos responsables de donde viene lo que consumimos, y los costos que se pagaron para que aquello llegara hasta nosotros. El filme tiene muchos méritos -entre ellos una notable dirección de arte y un elenco brillante liderado por la joven An Seo Hyun y que incluye a Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal y Paul Dano- pero seguramente será recordada por visibilizar tanto en su propio relato como en la discusión que ha generado que todo lo que llega hasta nosotros tiene su propia historia, una historia que tuvo sus posibilidades y sus sacrificios.